Que No Inventen Excusas

Escrito por Juan Cartagena, Presidente de LatinoJustice PRLDEF.

¿Qué tienen en común la ex-juez principal de Nueva York Judith Kaye con la corriente juez de la corte suprema federal Elena Kagan? ¿Y qué tienen ellas en común con el corriente juez de Nueva York Robert Smith y el ex-juez principal de la corte suprema federal William Rehnquist? Ninguno de estos juristas fueron jueces antes de ser nombrados a las cortes más altas de su respectivo estado o su nación.

En la historia de la corte suprema federal hay 41 jueces que ejercieron su papel como juez en esa corte tan importante que nunca fungieron como jueces en su carrera legal anterior. Algunos son íconos en la jurisprudencia estadounidense: Earl Warren logró la unanimidad de la corte para romper la legalidad de la segregación racial en nuestras escuelas públicas en Brown v. Board of Education. Louis Brandeis formó una doctrina legal para proteger el derecho de la intimidad contra el abuso gubernamental en Olmstead v. U.S. William O. Douglas detuvo la ejecución por pena de muerte a los Rosenbergs cuando la sentencia no fue aprobada apropiadamente por un jurado. Lewis Powell protejo los programas universitarios de “affirmative action” en Regents v. Bakke y de esa manera abrió las puertas para miles de estudiantes latinos y afro-americanos. Y al otro extremo hubo Felix Frankfurter que guardaba un conservatismo judicial a no permitir que las cortes hagan más de juzgar sus casos sin legislar en toga.

Ahora en 2013 en la capital en Albany lo que se oye son ruidos disonantes que esperan menospreciar la carrera impresionante de la profesora Jenny Rivera en su búsqueda para un puesto en la corte más alta de Nueva York, la Corte de Apelaciones. Rivera es catedrática en la escuela de derecho de CUNY – una de las pocas Latinas o Latinos con tal posición en cualquier escuela de derecho en el país entero. Desde su posición estudia las opiniones jurídicas de cortes al país entero, se entera de tendencias en el campo de derecho, revisa las leyes aprobadas por legisladores estatales y federales, día tras día. Tal enfoque solo sirve para aumentar su conocimiento de la ley, no para disminuirlo.

Además, la profesora Rivera pasó como abogada en las cortes con sus posiciones anteriores en Legal Aid Society en en el Fondo Puertorriqueño de Defensa Legal. La caracterización que ella tiene poca experiencia práctica como licenciada, o que no conoce las cortes es sencillamente una mentira. En LatinoJustice PRLDEF, antes conocido como el el Fondo Puertorriqueño de Defensa Legal llevamos más de cuatro décadas representando comunidades latinas y produciendo algunos de los mejores abogados en el país en cuanto a los casos constitucionales y de derechos civiles. Concluir algo al contrario insulta no solo a nuestra institución pero a la profesora también.

No cabe duda que la catedrática Rivera ama la ley. Ella la abraza, la nutra, la reta, la estudia y la hace vivir para hacer exactamente lo que el Gobernador Cuomo dijo durante la trayectoria de su carrera: “defender los derechos de todos en Nueva York para realizar un estado más justo y más agradable para vivir.”

Ejercer la profesión de abogado con excelencia es más, mucho más que ser un perito en los juicios en corte. En la Corte de Apelaciones llegarán un sinnúmero de temas que tienen nada que ver con las normas de evidencia. La profesora Jenny Rivera conoce muy bien lo que es ser abogada en las cortes, pero aún si no tuviera esa experiencia directa no existe una prueba sencilla o limitada para adivinar las cualificaciones de un abogado que aspira a ser miembro de la Corte de Apelaciones. Y el Senado de Nueva York debe de dejar de inventarse tal prueba simplista. Lo que tienen que hacer es aprobar la nominación de Jenny Rivera ahora, y en forma abrumadora.

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