Preso por sus ideas

Juan Cartagena

Tengo mucha esperanza de salir de aquí. Pero tengo una mochila llena de preocupaciones”. Así mismo me lo narró Oscar López Rivera en el presidio federal en noviembre en una visita que hice junto con las licenciadas Jan Sussler y Natasha Bannan. Fuimos a visitar el preso político puertorriqueño que lleva más tiempo encarcelado que cualquier otro preso político de la isla, hasta más que Nelson Mandela. Treinta y cuatro años. Doce de ellos en confinación solitaria.

Oscar fue convicto de conspirar sediciosamente contra el gobierno estadounidense. Es decir, convicto de conspirar para derrotar el gobierno estadounidense en su dominio sobre la isla de Puerto Rico considerada en el mundo entero como una colonia. Es independentista. Nunca fue acusado o convicto de un delito violento que causara heridas o muerte contra cualquier ser humano. Hasta las bombas que detonaron otros que se asociaron con él en Chicago causaron solo daños a propiedad no a personas.

Al no ser convicto de cualquier delito violento el Sr. López Rivera es preso por sus ideas. Algunos dirían por sus ideales.

En 1981 cuando López Rivera fue sentenciado a 55 años por conspiración – nunca tuvo antecedentes criminales – el promedio de sentencias en las cortes federales por homicidio fue un poco más de 10 años. En el año 1981 y por más de 50 años el crimen de conspiración sediciosa fue reservado exclusivamente para puertorriqueños independentistas.

En 1987 Oscar fue sentenciado a 15 años por conspirar a intentar un escape del presidio. No que lo hizo, sino que conspiró para hacerlo. Todos sus colegas en la conspiración recibieron cinco años de sentencia. El promedio de sentencias para escapes actuales en la década de los 80s fue un año y ocho meses. López Rivera recibió 15 años de sentencia adicional.

Por tres años corridos escribo esta columna en apoyo a la libertad de Oscar. Tres años pidiéndole al presidente Obama que haga justicia y que conmute la sentencia de este ser humano que recibió sentencias penitenciarias que son completamente desproporcionadas al delito que cometió, al sentido de justicia, y a las normas de derechos humanos.

Ahora lo hago después de conocer al señor de 72 años de edad. No guarda rencor. Fue benevolente y paciente en todo. Estaba al día de los acontecimientos cotidianos. Relataba fácilmente sus memorias de su niñez en San Sebastián. De la manera comunitaria que se repartía la cosecha en la finca. De los esfuerzos de establecer organizaciones comunitarias en Chicago.

Personificaba resistencia en todo sentido. ¿Cómo pudo su cuerpo y su mente aguantar 34 años de aislamiento?, me preguntaba al verlo hablar. Doce años de confinación solitaria. Cincuenta y ocho días corridos de una tortura – sí, en este país se tortura a los reos! – de privarlo del sueño al levantarlo cada media hora sin cesar.

Sr. Presidente, déjelo vivir al aire libre antes del fin del año. Usted que habla elocuentemente de las sentencias penales que son desproporcionales al delito cometido, aquí tiene el mejor ejemplo. ¡Liberación para Oscar López Rivera!


Este artículo fue publicado en El Diario y puedes verlo aquí

Juan Cartagena, Presidente de Latino Justice PRLDEF

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