Palabras que hieren

Juan Cartagena

Nuestro país fue fundado en principios jurídicos que protegen la libertad personal contra el poder del estado. El derecho de expresión o de la prensa o de ejercer una religión son ejemplos de este experimento igualitario y netamente americano. Pero ningún derecho es infinito y libre de limitaciones razonables. Las palabras de odio emitidas por el candidato Donald Trump contra mejicanos inicialmente y musulmanes recientemente nos hace cuestionar si existe un remedio legal contra el odio.

Claro está que las declaraciones del candidato Trump en sí reflejan las mismas perspectivas de millones de republicanos – no todos, pero una alarmante proporción. Su apoyo en las encuestas de votantes republicanos aumentó a 42 por ciento. Al principio de diciembre una encuesta de Rasmussen señaló que dos tercios de esos votantes favorecen una proscripción en la inmigración de musulmanes al país. Si nos enfocamos en el apoyo que recibe Trump en el sur el extremismo es más evidente. El bufete “Public Policy Polling” documentó el 8 de diciembre que la mayoría de partidarios del candidato en la Carolina de Norte están en favor de cerrar cada mezquita musulmana en país y 44 por ciento opinan que la religión musulmana debe ser criminalizada. El temor y el odio atraen votos. Eso es la maniobra del candidato Trump.

Hay más de 1.6 mil millones de musulmanes en el mundo entero y casi 600 mil en Nueva York solamente. Al declarar una iniciativa para proscribir la entrada de ellos al país Trump pide algo que nunca se ha visto en la historia de inmigración americana. La política de inmigración siempre ha tenido sus preferencias discriminatorias donde una raza, aquí la blanca, es priorizada ante otras. O donde la nacionalidad define quien entra o no, como se hizo en el siglo 20 contra los chinos. Pero al ser oficial la propuesta del candidato Trump no tiene antecedentes históricos. Sería la primera vez una religión será la base de una prohibición inmigratoria.

De que sea extremo, racista, alarmante e innecesaria es claro. Pero ahora tenemos una observación astuta que concluye que la iniciativa es exactamente lo que quiere los terroristas musulmanes de ISIS. El deportista legendario Kareem Abdul-Jabbar clasifica al candidato Trump como el terrorista: “De este modo Trump es el triunfo grandioso de ISIS. El candidato perfecto manchú que en vez de proponer remedios específicos y realistas, rapiña con los temores del público y hace el trabajo de ISIS para ellos”.

Una perspectiva absoluta del derecho de expresión en la primera enmienda resultará en la falta de consecuencias serias para palabras de odio. En esa penumbra se esconde Trump. Él la conoce bien porque conoce el poder del dinero corporativo donde las reglas siempre enaltecen el daño comercial ante el daño social. Palabras que dañan la reputación comercial reciben la bienvenida en la cortes. Pero palabras que hieren con odio a nacionalidades, razas, religiones son intocables. Esto tiene que cambiar. Y cuando las palabras del candidato impulsan la violencia contra mejicanos o musulmanes, Trump debe de ser citado y juzgado.


Este artículo fue publicado en El Diario y puedes verlo aquí

Juan Cartagena, Presidente de Latino Justice PRLDEF

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