El soñador de nuestros tiempos

Juan Cartagena

El mes pasado en Brooklyn un pequeño milagro ocurrió enorgulleciendo al pueblo mexicano y todos los latinos en Nueva York. César Adrián Vargas fue juramentado como abogado con todos los poderes y deberes de tal oficio aun siendo un indocumentado que solo recibió permiso para quedarse por la orden ejecutiva de DACA.

Es decir, César Vargas es el perfil de todo lo contrario a la imagen que pintan extremistas anti-inmigrantes. Es capaz, honesto, inteligente, trabajador, y sobre todo, el soñador de nuestros tiempos.

Llegó de México a los cinco años de edad con su madre Teresa Galindo y se ubicaron en Staten Island. Empezó en las escuelas públicas y fue admitido al Colegio de St. Francis en Brooklyn. Pensó en ingresar al ejército para defender el país después de los ataques del 9-11 pero fue rechazado. Trabajó dos trabajos para satisfacer la matrícula ya que ayuda financiera para sus estudios era una imposibilidad para estudiantes indocumentados. Soñó con ser abogado para ayudar a la comunidad latina, los inmigrantes en particular. Ingresó a la escuela de derecho de CUNY en Queens donde sobresalió con mejores calificaciones, impresionando la facultad con su jornada personal.

César nunca tuvo que mentir sobre su estatus inmigratorio. Si no se le preguntaba él no se ofreció. Y si le preguntaban, explicó sin reservas. Así fue criado en su hogar con su madre. No temes, eres buena persona y este país, igual que el mundo, está lleno de oportunidades.

Al graduarse se involucró con el movimiento estudiantil de DREAMers exigiendo el respeto que se merecen ellos y sus padres por las contribuciones que hacen los inmigrantes al país. Con el adiestramiento que viene de sus estudios de derecho, César rápidamente llegó a unirse a los portavoces del movimiento y a testificar ante el Congreso para en favor de la reforma inmigratoria.

Pero desviaron su sueño de ser abogado al ser rechazado por el comité de carácter de las cortes – los que deciden si cualquier delito anterior impide ejercer la profesión según sus requisitos éticos. Sabiendo que la ruta hacia la abogacía era cuesta arriba, César seleccionó los abogados de LatinoJustice para defenderlo. El comité concluyó que no cabía duda que iba ser un abogado excelente. Pero admitieron que no tenían la potestad de autorizar su entrada a la profesión.

En 2015, las cortes de Nueva York eliminaron toda duda. Ser indocumentado no significa que una persona carece de integridad o de carácter moral y no impide alcanzar las normas más altas de la profesión, decidió la División de Apelaciones en Brooklyn en un triunfo judicial sin precedentes.

“Mis lágrimas son de alegría al ver mi hijo ser abogado”, dijo la Sra. Galindo en un abrazo emocional después de la juramentación. En su cara se veía el orgullo y el sacrificio de tantas madres latinas. Y el orgullo nacional llevó a la Cónsul General de México, Sandra Fuentes, a declarar “es un triunfo para todos los mexicanos que viven en Nueva York”.

He dicho.

Este artículo fue publicado en El Diario y puedes verlo aquí

Juan Cartagena, Presidente de Latino Justice PRLDEF


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