Drogas: hipocresías repetidas

El anuncio del Alcalde De Blasio y el Comisionado de Policía Bratton de cambiar las prácticas de arrestos por la posesión de cantidades menores de marihuana es importantísimo en el desarrollo de mejores relaciones entre las comunidades latinas y afro-americanas y la policía. Si llega a detener el perfil racial en la ciudad, puede terminar décadas de abuso. Es decir, tiene una potencial enorme pero solo si documentamos estos nuevos encuentros en profundidad.

Pero toda esta buena fe es ahogada por la hipocresía que vivimos en cuanto a la marihuana. Esta hipocresía de parte de nuestros líderes tiene la capacidad de derrotar esta reforma necesaria.

La marihuana ha sido vinculada con comunidades latinas en este país desde los principios del siglo veinte. Fue en esa época que la moral puritana cambió la actitud sobre el consumo de drogas. Lo que estaba disponible en el mercado libre pasó a ser controlado como substancias peligrosas según la ley federal. Aún después del fracaso nacional de la prohibición de bebidas alcohólicas, el país siguió utilizando la mano dura de la ley para controlar decisiones personales.

La cura para los casos extremos de adicción pasó del campo médico al policiaco, con consecuencias horribles a largo plazo. En esta era fue fácil darle licencia a los estereotipos falsos de que la marihuana la consumían casi todos los latinos, y de la misma moda echarle la culpa del consumo de cocaína a la comunidad afro-americana.

Con los años el consumo de marihuana llegó a niveles históricos en los 60s, 70s y hasta el día de hoy, donde cada informe legítimo confirma que la raza blanca del país consume y vende marihuana a niveles más altos que latinos o afro-americanos. Los "baby boomers" que llegaron a la mayoría de edad en los 60s ahora son líderes de empresas y del gobierno.

El ex-presidente Clinton admitió haber fumado pero inexplicablemente sin tragarse el humo. El presidente Obama dijo que lo hizo cuando joven. El carifresco ex-alcalde Bloomberg admitió que no solo fumó sino que le gustó. La semana pasada la presidenta del Concejo Mark-Viverito lo admitió, y dijo que es tiempo legalizarla.

A nadie le debe sorprender que la gran mayoría de personas capaces de cambiar la política marihuanera en la ciudad fumaran en un momento dado. Así que si lo hicieron sin detección ¿porqué toleran que tantos jóvenes sean sujetos a citaciones, multas y arrestos hoy día? ¿Porqué no corregir décadas de abuso donde la policía exigía que sus detenidos vaciaran sus bolsillos para después arrestarlos por exhibir la droga al aire libre?

¿Por qué no acaban con la hipocresía? Es porque no son sus hijos

Este artículo originalmente fue publicado en El Diario en 20 Nov. 2014

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